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Lola Membrives

Dolores Membrives Fernández, Lola Membrives, una de las más destacadas figuras de la escena hispano-argentina del siglo XX, nació en una casa situada en la calle Defensa, entre las de Alsina y Moreno, de la ciudad de Buenos Aires, el 28 de junio de 1888, en el seno de una familia que, encabezada por el padre andalúz, mantenía las vivas las costumbres, tradiciones y expresiones propias de la tierra española de origen.

Desde pequeña fueron entrando en su vida los autores clásicos hispanos. Siendo niña aún, con un llamativo vestido de aldeana gallega, interpretó unos versos en público, cosechando calurosos aplausos que, más tarde, seguirían premiando sus actuaciones a lo largo de los años.

Hacia los primeros años del siglo actual, Buenos Aires tenía intensa vida cultural; y Lola Membrives, autodidacta , con gran capacidad de expresión e interpretación, comenzó a hacerse notar.

En esos años, siendo adolescente, el comediógrafo y crítico argentino Enrique García Velloso así lo apreció, y le brindó un papel secundario en El corneta de Belgrano, que marcó su debut profesional.

Apenas cumplidos los veinte años, debutaba en España. Interpretó comedias de los célebres hermanos Joaquín y Serafín Alvarez Quintero, como La buena sombra; zarzuelas y sainetes, con los que siguiera en el escenario al volver a las tierras del Plata. Siempre hubo con ella una cantante, unida a la actriz.

Para esa época, Roberto Casaux era un artista popular, inimitable creador, integrante del reparto de la primera producción fílmica argentina que atrajera la atención de los espectadores, El fusilamiento de Dorrego, realizada por Mario Gallo, en 1908. Sin haber llegado a los treinta años, Lola Membrives integraba con él un binomio artístico, que obtuvo el reconocimiento del público durante una temporada.

En 1922, a instancias de Jacinto Benavente, realizó una extensa gira que, a lo largo de un año y medio, la llevó a recorrer gran parte del territorio español.

Interpretó a numerosos autores españoles: los clásicos Calderón de la Barca y Lope de Vega; Jacinto Benavente y los hermanos Alvarez Quintero, ya citados, Federico García Lorca, Pedro Muñoz Seca, Alfonso Paso, los hermanos Antonio y Manuel Machado, Alejandro Rodríguez Alvarez (Alejandro Casona), Enrique Jardiel Poncela, Eduardo Marquina, José María Pemán, entre otros. No omitiendo a los autores extranjeros, como Luigi Pirandello (La vida que te dí), y Eugene O’Neill (Anna Christie). La música popular rioplatense tampoco fue ajena a ella. Llegó a tener relación artística con Carlos Gardel y José Razzano, y estrenó el tango Cara Sucia.

Señora de la escena, fue dueña de un estilo notable. Su expresión y la forma de decir, eran únicas, y se destacaron en los roles que interpretara en La Malquerida, de Jacinto Benavente, y Bodas de Sangre, de Federico García Lorca.

Su vida fue un ir y venir entre ambas orillas del Atlántico, uniendo Argentina y España a traves del arte. La Lola se va a los puertos, escribieron para ella los hermanos Machado:

"...La gracia de la poesía

con ella al puerto marchaba,

y la isla sola quedaba

hasta que Lola volvía...".

Ejemplo y modelo de hacer arte, también fue maestra para las generaciones de intérpretes que la siguieron, a quienes brindara sus conocimientos en el Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénico.

Juan Reforzo, su esposo, artista también, le brindó siempre su apoyo. Su vocación maternal se hizo realidad con un hijo, el distinguido doctor Juan Reforzo Membrives, reconocido especialista en endocrinología y metabolismo.

Ferviente hispanista, amó intensamente a la Argentina y a España. Una y otra lo reconocieron, con numerosos homenajes, premios y distinciones. Entre otros, recibió la medalla al Mérito Artístico, de la República Argentina, en 1954. España, le otorgó la Gran Cruz de Isabel La Católica, orden que fuera fundada en 1815 por Fernando VII, para premiar los grandes servicios hechos por españoles en tierras americanas.

Su despedida de la escena tuvo lugar en el Teatro Odeón, que fuera demolido a principios de la decada de los ’90, y se encontraba situado en la esquina porteña de Corrientes y Esmeralda. Lo hizo interpretando Pepa Doncel, de Jacinto Benavente, y Los verdes campos del Edén, de Antonio Gala.

Falleció en la ciudad de Buenos Aires, el 31 de octubre de 1969. Al despedirla, en el Cementerio de La Chacarita, la actriz Iris Marga, presidente de la Casa del Teatro, dijo: "Se ha derrumbado una catedral. Ha desaparecido una montaña. Se apagó una estrella que iluminó al mundo de la escena con singular belleza. Porque Lola fue más que una actriz genial, fue un alma y una voz. Carne viva de anhelos, pozo hondísimo de la emoción, dio verdadera vida a personajes que terminaron por ser pedazos de ella misma: la Raimunda, de La malquerida, la madre de Bodas de sangre, aquella Lola, de los hermanos Machado".

Al cumplirse 25 años de su desaparición física, a pocos meses de la reapertura del Teatro Avenida, emblema de la cultura hispánica en la porteña Avenida de Mayo, el 31 de octubre de 1994 fue descubierto en el foyer del mismo un busto suyo.

En la geografía urbana, llevan su nombre una calle de Madrid; y otra en el bonaerense municipio de San Isidro, paralela al Ferrocarril de La Costa, en las cercanías de la estación Barrancas, frente al Río de la Plata. También la recuerda, con igual denominación, la sala de teatro situada en Avenida Corrientes 1280, de la capital argentina.

Por mirtaaliciav - 24 de Febrero, 2007, 13:48, Categoría: General
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